¿Somos realmente iguales ante nuestras elecciones de orientación?

 

El ranking escolar sella demasiado rápido el destino profesional y social de las personas

 

Fuente: Artículo publicado por el periódico Le Monde y escrito por Eunice Mangado-Lunetta, directora de los programas de AFEV en Francia; Jules Donzelot, sociólogo y director científico del programa Demo-Campus AFEV y Marie Duru-Bellat, socióloga y madrina del Día del Rechazo del Fracaso Escolar 2018

 

Si las desigualdades escolares son objeto de muchos estudios, las desigualdades en la orientación escolar están muy poco resaltadas, aunque son reales. Hablamos de desigualdades frente a las capacidades de construir una propia trayectoria escolar y de tomar decisiones. Somos mucho más protagonistas de nuestra orientación cuando somos buenos alumnos, porque esta orientación se funda en los resultados escolares. Los “mejores” alumnos y alumnas tendrán acceso a las “mejores carreras”, que a la vez son las que llevan hasta los empleos más atractivos. Al contrario, los malos resultados escolares van a hacer cambiar progresivamente los “malos alumnos y alumnas” del estado de sujeto al de objeto de orientación. Ellos y ellas serán apartados a las carreras (y empleos) menos valoradas (donde hay plazas). La orientación se vive como una herida para los y las que se sienten privados de elección en una sociedad que promueve la meritocracia, en la cual cada uno es responsable de su propio rendimiento escolar.

Esta situación –las mejores plazas de la sociedad reservadas a los buenos alumnos y alumnas que han demostrado su mérito– puede parecer justificada. Pero si lo miramos de cerca, cuando integramos las aportaciones de la sociología de la educación en la (muy) relativa igualdad de las oportunidades, en realidad no hay tanta igualdad.

En Francia, el ranking escolar sella –demasiado rápido y demasiado fuerte– el destino profesional y social de las personas. Demasiada presión se basa en la escuela, que supuestamente califica a los estudiantes pero que con los más débiles funciona como una centrifugadora. Nuestro sistema de orientación no es catastrófico. Es, como todo nuestro sistema escolar, más favorable para la minoría de estudiantes que tienen éxito en las materias académicas que para los que tienen competencias o cualidades menos escolares.

Para tener una orientación más justa, aquí hay algunas reflexiones resultantes del Día del Rechazo del Fracaso Escolar 2018 que organizó AFEV Francia.

La relación escuela / mundo económico

A pesar de los progresos alcanzados en unas décadas, los vínculos entre el mundo económico y el mundo escolar siguen siendo demasiado flojos. Nuestra escuela, históricamente construida contra el mundo profesional, permanece en rechazo frente a los actores del mundo profesional. En la encuesta AFEV Trajectoires-Reflex UNAF, casi el 70% de las personas entrevistadas (estudiantes de secundaria) quieren más información concreta para descubrir las profesiones. ¿Cómo pueden construir proyectos y apropiarse de una carrera sin proyectarse concretamente en el mundo profesional? De ahí que las estudiantes den importancia a las prácticas profesionales en tercero de la ESO, aunque nuestra encuesta demuestra que la elección de la empresa donde se hacen las prácticas depende en el 60% de la red de contactos familiar, con todas las restricciones que eso conlleva cuando esta red es débil.

La relación evaluación escolar / orientación

En Francia, la escuela tiene el monopolio de la definición del mérito. ¿Significa esto que los y las malas estudiantes no tienen competencias? En lugar de eso, deberíamos poner en duda nuestro sistema de evaluación en el cual resulta difícil valorizar las competencias de los y las jóvenes en su diversidad. Incluso en Francia –uno de los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) donde el peso de la titulación es especialmente fuerte– los reclutadores han empezado a cambiar hacia una lógica de evaluar no sólo cualificaciones, sino también competencias formales/informales. Una evolución que causa un sentimiento de desconfianza: ¿se debilitarán los derechos de los trabajadores? Pero este cambio puede ser beneficioso para todas las personas que salen de la escuela sin competencias certificadas. 

La orientación: una pregunta que surge a lo largo de toda la vida

Más de una de cada dos personas activas realizan un trabajo que no corresponde a su formación inicial. Estas personas se reorientan y se forman a lo largo de toda su vida. Se necesita tiempo para construirse una identidad y nuestra juventud tiene menos tiempo que en otros sitios. ¿No sería apropiado sustituir la noción (fija) de elección y planes de estudio por una trayectoria dinámica? En un contexto en el cual el 60% de las profesiones del mañana no existen ahora, la generación de los millenials debería poder construir su carrera en un modo “ensayo-error”. El desafío es aceptar que no haremos exactamente lo que elegimos (si es que somos capaces de saber exactamente lo que queremos), sino que trabajaremos para construir, sobre una base de logros académicos, habilidades (formales e informales), así como una autoestima suficiente para enfrentar el mundo y encontrar nuestro lugar en él.

Nuestro sistema de orientación está desarrollándose. Se están poniendo en marcha reformas con el objetivo de convertir la orientación en una prioridad compartida por diversos actores de la educación (escuelas, empresas, regiones…) en el territorio. Hay que seguir en esta dirección, asegurándose que los y las jóvenes no se encierran en los límites de su territorio. Sobre todo, eso supone aceptar que la escuela ya no tenga el monopolio sobre la educación y la orientación. Pero mientras los temas de las reorientaciones y del derecho a equivocarse sigan siendo teóricos y abstractos, los jóvenes y las familias seguirán teniendo el sentimiento de arriesgar sus vidas con una elección escolar puntual y estas medidas corren el riesgo de ser insuficientes.